¿Quién ha dicho que la clave está en las palabras?

QUIERO PERTENECER AL CLUB DE AGUS. ¿PUEDO?

Agus era una persona que vivió hace muuuuucho tiempo. Tanto tiempo que nadie hoy en día conoce su rostro y que las imágenes que de él tenemos son sólo fruto de la imaginación  e inspiración de los artistas.

La mamá de Agus se llamaba Mónica y era muuuuuuuuy buena. Sin embargo su papá tardó en hacerse casi tan bueno muchos años, lo mismo que Agus que fue muy listo pero un poco rebelde hasta que se hizo mayor. Todo el mundo recuerda una anécdota que le sucedió a Agus una vez cuando entabló conversación con un niñito que jugaba en la playa con una concha. Posiblemente fue a raiz de esa conversación cuando Agus se hizo a la vez mayor y bueno. El caso es que desde ese momento, Agus se fue a la gran ciudad, estudió mucho y dedicó su vida a seguir siendo bueno y a ayudar a serlo a los demás. Incluso, ayudaba a salir del error a quienes pensaban que ser bueno era otra cosa.

El caso es que tiempo después, otras personas fundaron un club al que llamaron “Lo que diga Agus va a misa”. Ese club lleva muchos siglos existiendo igual que muchos otros con nombres muy parecidos. Algunos pertenecen a “lo que diga Paco va a misa”, otros a “lo que diga Antonio el de la Capucha va a misa” y así muchos otros clubs. También las chicas montaron sus propios clubs y todavía perviven las amigas de Tere, de Merche, de Dori,... De hecho algunos clubs tienen su sección masculina y femenina, que comparten nombre pero poco más, porque para ser bueno es mejor que los sexos se separen. Agus, por ejemplo cuenta con sus amigos chicos y con sus amigas chicas.

Estos clubs, formados por gente tan buena y que funcionaba tan bien fueron adquiriendo gran protagonismo social y penetrando en diferentes sectores de esa sociedad que, según los casos, los tiempos y las diferentes zonas del ancho mundo, les toleraba, sufría, apoyaba, padecía o veneraba. Algunos de los clubs se dedicaron a la encomiable labor de hacer cada vez más buenos y más sabios a los niños. Unos elegían a los niños, otros a las niñas (casi nadie al principio), unos a los ricos, otros a los pobres, unos a los que tenían cerca, otros a los que tenían muy lejos,...

En una pequeña región de un país que durante épocas recientes trató muy bien a los clubs, había un grupo de centenares de niños con la grandísima suerte de ser educados por “lo que diga Agus va a misa”. Sus papás estaban tan contentos por la suerte que tenían, que todo lo que sus niños hacían les parecía muy bien. Fuera lo que fuera. Además, esos niños tenían otra suerte: sus familias eran muy trabajadoras y por eso tenían mucho dinero. Sus amistades eran las mejores, también gente muy trabajadora y muy buena. Y pertenecían además a las mejores sociedades recreativas y deportivas, por lo que tenían garantizado un ocio saludable y una posibilidad de relación tan exquisita como se merecían. Eran además niños “viajados”, “leídos” e instruidos para que su vida y la de quienes les rodeaban fuera la mejor posible, rayando casi en la absoluta felicidad, en el máximo respeto por los demás y alejados de cualquier tentación malsana relacionada con la prepotencia, el complejo de superioridad u otros vicios impropios de ellos y sus iguales.

Por eso, cuando salían de su selecto ambiente, estos niños y sus papás NUNCA cometían errores que en otras circunstancias u otras personas menos afortunadas podrían cometer.

Por ejemplo, cómo pensar que un grupo de esta élite moral e intelectual iba jamás a destrozar las habitaciones en las que alojarse durante su viaje de estudios.

O a quien se le podría ocurrir que fuera cierto que la expresión “Eh, tu” iba a ser la elegida para dirigirse a los monitores de su actividad extraescolar.

O como va a ser seguidor de Agus un papá que acuciado por la prisa para ir a jugar al golf, le ordene a un monitor de un campamento que corte las uñas de su hijo.

O esa mamá que trata con absoluta prepotencia y explica a una chica por teléfono cómo tiene que hacer su labor.

O esa niña de diez años que exige la devolución de una cantidad de dinero porque no quiere participar en una de las decenas de actividades que se la propone en el lugar que ha elegido para pasar doce días (pero que una vez denegada su exigencia decide participar a deshora y robando tiempo a sus responsables).

O la otra mamá que echa la bronca también telefónica a una persona porque se ha cometido un error (a su entender) provocado porque ella misma no había notificado en que situación legal quedaba su hijo tras su divorcio.

O el otro papá que, saltándose todas las normas escritas accede en vehículo a motor donde no se puede y pone en riesgo la circulación de su hija, las amigas de ésta y de otros niños. Una vez consumada la hazaña y haberse jactado de ella apela a su condición de abogado para intentar saltarse la norma y pasar por encima de la seguridad de una institución responsable de más de cien niños y niñas en ese momento.

 

 

Todos estas situaciones (producidas en veinte días, no a lo largo de veinte años) NO PUEDEN HABER SIDO PROTAGONIZADAS por gente perteneciente al club de “lo que diga Agus va a misa”. Hay que tener en cuenta que la promoción de su enseñanza tiene como uno de sus tópicos no escritos (o quizá sí) que están formando a los dirigentes del futuro. ESTOY SEGURO que los que pretenden formar a nuestros futuros ministros (y ministras si tienen a bien permitirlo) no educan así a los niños ni  éstos provienen de papás y mamás tan “imperfectos”.

 

            APRENDAMOS TODOS DEL CLUB “LO QUE DIGA AGUS VA A MISA” y sumémonos. Siempre y cuando seamos dignos de pertenecer a él.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: